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Almonte da gracias a la Blanca Paloma por su protección histórica PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
lunes, 20 de agosto de 2007
La aldea de El Rocío era ayer un hervidero desde primeras horas de la mañana. Café con churros y polvo marismeño desayunaban los devotos que, como cada año, acuden en masa a una celebración singular que cumple ahora 194 años de historia:  el Rocío Chico.

No hubo caballos, ni trajes de gitana ni ecos de sevillanas ayer en la aldea de Almonte. Sólo solemnidad, devoción y liturgia. Pero para entender esta cita con la Reina de las Marismas, es necesario recurrir a la historia.

Corrían los primeros años del siglo XIX y los franceses, como ocurría con otros tanto pueblos de España, habían tomado Almonte. Un alto mando del ejército francés había montado su cuartel general en la calle del Cerro y amenazaba con incendiar la localidad y pasar a sus habitantes a cuchillo. En un acto de rebeldía, un grupo de almonteños decidió dar muerte al susodicho militar en 1810, y lo consiguió.

Como venganza, el mariscal Soult –afincado en la vecina localidad de La Palma del Condado– ordenaba a 800 infantes que arrasaran la villa, con el degüello de sus habitantes incluido

Como venganza, el mariscal Soult –afincado en la vecina localidad de La Palma del Condado– ordenaba a 800 infantes que arrasaran la villa, con el degüello de sus habitantes incluido.

Los afligidos almonteños se encomendaron entonces a la Virgen del Rocío. “Finalmente no llegaron los infantes requeridos y el mariscal Soult se conformó con llevarse al alcalde de Almonte, al que liberaría al día siguiente en Hinojos. Todo eso fue gracias a la Virgen y este es uno de los días más señalados de nuestro calendario”, explicaba el presidente de la Hermandad Matriz, José Joaquín Gil Cabrera.

Para dar gracias a Dios y a la Virgen por el beneficioso desarrollo de los acontecimientos, el pueblo de Almonte decidía en 1813 hacer un voto formal y expreso (en su nombre y en el de las generaciones venideras) “por el que en adelante y por siempre jamás pasaríamos la madrugada de 19 de agosto en El Rocío, celebrando por la mañana misa en la ermita, en acción de gracias por el singular favor de la salvación del pueblo”.

Entendiendo ahora la génesis del Rocío Chico y que es de bien nacidos ser agradecidos, es más sencillo comprender que miles de almonteños se reunieran ayer ante su Patrona sin más exorno que su devoción mariana.

La ceremonia eucarística fue oficiada por el obispo de Asidonia-Jerez, monseñor Juan del Río Martín, que estuvo acompañado por el párroco de Almonte, José García, los vicarios José Domingo Ramírez y Francisco Javier Real, y demás presbíteros. El olor a incienso y a flores blancas del altar se mezclaba en el aire con los  solemnes cantos de la Coral de Pilas. No cabía un alfiler en el templo y muchos iban provistos de sillas de madera para disfrutar del acto sin padecer el dolor de piernas de los que permanecieron de pie. Habló monseñor Del Río y se hizo el silencio. Sus plegarias iban dirigidas a la Blanca Paloma, que desde su altar de oro parecía sonreír a sus hijos. “Virgen de las Marismas, consuelo mío, rocía mis penas con tu Rocío”, exhaló recordando una copla popular.

En la primera fila disfrutaron de la misa una buena representación de las hermandades almonteñas, el teniente coronel de la Guardia Civil en Huelva, José Antonio Hurtado; el alcalde de Almonte, Francisco Bella, y el edil portavoz, José Villa.

Llegaba el turno para explicar los acontecimientos históricos y subían al altar el presidente de la Matriz, José Joaquín Gil, acompañado del secretario de la hermandad, Manuel Padilla, y el fiscal de la misma, José Antonio Faraco: “Y el pueblo se encomendó a nuestra Patrona...”. Redoble de campanas, tintineo de monedas en las cestas de la buena voluntad, explosión de cohetes. Acababa la misa y empezaba la procesión eucarística. El obispo de Jerez portaba la Custodia bajo los varales del palio. La explanada rociera, con la blanca ermita al fondo, acogía en su seno a miles de personas que seguían los rezos que proferían los altavoces.

Sin duda, una de las personas que con más sentimiento vivía este Rocío Chico era la hermana mayor de la Matriz, Manuela Báñez, puesto que se despedía de su mandato y se mostraba “muy emocionada”. El hermano mayor será elegido el próximo Domingo de Resurrección. A la fiesta procesional se sumaba una decena de miembros de la Asociación Rociera de Orihuela (Alicante), en una cita “a la que venimos todos los años y que no nos podíamos perder”.

Si alguien piensa que el interior del santuario había quedado desierto cuando la comitiva llevaba a cabo su periplo en torno al templo, se equivoca. Los fieles iban, venían y se postraban tras la reja, dejándose sus oraciones a los pies de la Divina Pastora. Al acabar la procesión, los vítores se sucedían en el interior del templo: “¡Viva la Virgen del Rocío! ¡Viva la Reina de las Marismas! ¡Viva la Patrona de Almonte!”, gritaban entre aplausos a la vez que sonaba la tradicional salve rociera.

Arribaba ahora el instante más esperado por los nuevos miembros de la Hermandad Matriz. Primero el juramento de rigor, después el beso a la medalla, el cordón reposando desde el cuello y la imagen plateada de la Virgen cerquita del corazón. Unas 65 personas (la mayoría niños) recogían el símbolo de su compromiso de fe a través de un estrecho pasillo por el que retumbaban sus nombres. Luego las fotos de rigor y la alegría en el rostro por poder vivir la romería del Rocío de 2008 siendo hermanos de la Matriz. La cuenta atrás ha comenzado.

 
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